NOCTUARIO: Anda de día que la noche es mía.

9788477027355

Corría el siglo XVIII y, bajo su peluca empolvada, las neuronas de Inmanuel Kant andaban atareadas buscando la distinción entre lo bello y lo sublime. El venerable filósofo llegó a la conclusión de que dichos sentimientos no podían ser inspirados simultáneamente por el mismo objeto: por un lado está lo bello, que agrada, y, por otro lo sublime, que conmueve. Los gatitos que ustedes ven en internet, por ejemplo, son bellos; los altos cipreses de los cementerios, sublimes. No hay mucha posibilidad de confundirse: lo bello tiende a ser pequeñito y amable, mientras que lo sublime tiende a la austeridad y al gigantismo.

Pues bien, para hacer justicia a este Noctuario de Thomas Ligotti, que es sublime, no estaría de más seguir el rastro de este importante concepto estético a través de sus sucesivos avatares decimonónicos como puedan ser el romanticismo o la novela gótica. No se asusten, que no nos vamos a embarcar en semejante viaje, que sería largo y del cual, mucho me temo, el lector saldría hastiado de tanto camposanto neblinoso y tanto salón vacío donde callan las arpas. Además, es de todos sabido, nueve de cada diez especialistas así lo aseguran, que el espíritu romántico es una cosa muy perjudicial para la salud y que, mal llevado, puede conducir al suicidio, al genocidio y a que no te hablen los otros niños en el patio del colegio. Preocupado por apartar a mis presuntos lectores de tales peligros y, también, por hacer de esta crítica algo más bello que sublime haciendo corta una historia larga, me dispongo a un prodigioso salto espacio temporal que nos hará aterrizar en el justo momento y lugar en el que, por fin, alguien encontró la forma de hacer dinero con todo esto. El lugar es, cómo no, los Estados Unidos, y el momento, los primeros años de la década de los ochenta, cuando el éxito sin precedentes de las primeras novelas de Stephen King propició un boom sin precedentes de la categoría editorial que ya pasaría a llamarse horror para los restos.

Mirad, chavales, mirad el chabolo que me estoy montando.

Mirad, chavales, mirad el chabolo que me estoy montando.

Si hemos de hacer caso a lo que nos cuenta George R.R. Martin en su “autobiografía” literaria Dreamsongs, las principales editoriales yanquis se dedicaron durante este corto período a sacar colecciones de este género en cuestión y en las librerías florecieron las estanterías y expositores dedicados. Todos perdían el culo, como es natural, por agenciarse para sus catálogos a un escritor terrorífico que los hiciera ricos. Ahí teníamos desde el pelma de Peter Straub hasta un Dean R. Koontz, que, de hecho, venía de una carrera no muy exitosa como escritor de ciencia ficción. Autores que seguro que ustedes asocian más bien con otros géneros, como Dan Simmons o el propio Martin, probaban suerte en aquellos sus primeros años con el género de los sustos, por ver si sonaba la flauta y se forraban los bolsillos de billetes de cien dólares.

Ninguno lo consiguió o, al menos no tanto como habrían deseado, pero lo que al menos sí consiguieron fue establecer las bases del bestseller de terror contemporáneo, lo que usted y su vecino entienden, así de buenas a primeras, como un libro de miedo. La fórmula mágica viene a resumirse en lo siguiente: personas normales y corrientes en entornos vulgares que se enfrentan a amenazas extraordinarias. Todo esto aderezado con los modos de contar próximos a la narración cinematográfica tan propios de nuestro tiempo: la acción, el diálogo, el show don’t tell… yo no digo que todo esto lo inventara King, de hecho hay bastantes ejemplos anteriores que cumplirían bastante bien con estas condiciones. Robert Bloch, sin ir más lejos, o Ira Levin, que logró un pepinazo de ventas importante con Rosemary’s Baby algunos años antes, pero es en ese momento concreto cuando se dan las circunstancias precisas para que la oferta se encuentre con la demanda y nosotros comenzáramos a ver salir tochos gordísimos de portadas ensangrentadas de las bolsas de playa de nuestros progenitores y demás personas de edad provecta.

El caso es que todas estas características se oponen casi punto por punto a lo que venía siendo la narración gótica tradicional, muy propensa a estar protagonizada por seres de acusada sensibilidad artística que miran al lector por encima del hombro y le infligen interminables disertaciones filosóficas con frecuencia. No es que nos vayamos a quejar, es que a veces pensamos, tal y como argumenta Jesús Palacios en el prólogo del libro, que de este modo se escamotea al lector el auténtico placer de lo perverso, entregándolo a una falsa sensación de seguridad y normalidad que encanta pero no conmueve. Forma parte del signo de nuestro tiempo que incluso el relato gótico se haya vuelto bello y no sublime.

 El Infierno es la Ausencia de Dios.

Los doctores no aciertan con la medicación de Ligotti.

Los doctores no aciertan con la medicación de Ligotti. (ilustración de Serhiy Krykun)

Claro que también fue por aquellos primeros ochenta cuando empezaron a aparecer en los fanzines los primeros relatos de Thomas Ligotti, un autor de difícilmente se hará rico con su escritura, pero que, desde el principio, llamó la atención de los auténticos connoisseurs de lo siniestro, desde escritores como Ramsey Campbell hasta líderes espirituales alternativos como David Tibet. Nuestro hombre se estaba convirtiendo en lo que se llama un autor de culto, es decir, un escritor para escritores y otros bichos raros.

Pese a que a principios de los noventa comenzaron a llegar a las librerías las primeras antologías ligottianas y que nuestro autor es un nombre recurrente en los compendios anuales o temáticos de relatos de horror que son tan frecuentes en el mercado anglosajón, el aficionado español lo ha tenido más bien difícil para unirse a tan selecto club. En efecto, la presencia de Ligotti en nuestras librerías se reducía hasta el momento a un único volumen, La Fábrica de Pesadillas, cuya edición perpetró La Factoría de Ideas en 2006 con resultados que vamos a calificar de irregulares (¿acaso podía ser de otra manera con esa portada y tres traductores distintos haciendo cada uno lo que buenamente podía?) por no remover antiguas heridas. Desde entonces, los ligottianos de por aquí pasamos una auténtica travesía del desierto, salpicada de libros importados y trabajosas lecturas en inglés… hasta hoy, bueno, hasta diciembre del año pasado, momento en que Valdemar puso a la venta su muy cuidada edición de Noctuario. Sólo por eso, para que estos señores y la siempre fiable Marta Lila Murillo, la traductora, se lleven la recompensa que merecen por sus esfuerzos, merece la pena ir a la librería y gastarse los euros en el libro.

Esto los ligottianos, digo, si los hubiera o hubiese, porque a los demás de entre ustedes igual les da por leer el libro y que no les guste. Al fin y al cabo, Ligotti encarna a la perfección lo que siempre se supuso que tendría que ser un escritor maldito: un tipo obsesivo e introvertido que no está disponible para labores de promoción y que, desde luego, no va a firmarte sus libros en la próxima Comic-Con porque no tiene ningún interés en caerte bien. Y esto, claro, se manifiesta en su prosa que, recuerden, es más sublime que bella y, por lo tanto, no está ahí para agradar precisamente. Podría pasarles a ustedes como a ese señor que, tras leer La Fábrica de Pesadillas, escribía las siguientes lindezas en un foro de internet:

Si tienen alguna queja sobre Ligotti, se la dicen a este señor.

Si tienen alguna queja sobre Ligotti, se la dicen a este señor.

Todo es demasiado irreal, demasiado difuminado y borroso. Supongo que hay quien puede disfrutar de esa sugerencia y convertirse en seguidor de Ligottito. Pero yo no puedo, me aburro. Las continuas referencias a otros mundos, las reacciones ilógicas y los paisajes irreales me acaban cansando y me saturan. Venga, hombre, cuéntame una historia, no un sueño borroso sin principio ni final. Arranca de una vez… 

Quiero personajes reales, tramas interesantes, historias intensas. No tipos raros andando por callejones deformes mientras son acechados por algo impreciso de otro mundo (Y ya está. Acabo de chafaros la mitad de los relatos de “La fábrica de pesadillas”).

Todo esto que es “cierto” de La Fábrica de Pesadillas, lo es aún más en el caso de Noctuario, cuya última parte se compone de una serie de viñetas, auténticos poemas en prosa carentes de desarrollo o personajes propiamente dichos. Pero, claro, aplicar tales criterios a la obra de Ligotti es como leer Guerra y Paz y quejarse porque no rima, o como decir que Lovecraft “suelta mucho rollo”…

Lo que yo les quiero decir es que, para no parecerse a este caballero, deben ustedes leer Noctuario, tanto si les gusta como si no. Es más, ustedes deben leer Noctuario especialmente si no les gusta. Perseveren. Tengan en cuenta que esa parte de ustedes que quiere soltar el libro es la parte que tienen mal acostumbrada por las modas editoriales del momento, esa misma a la que le da un ataque si una historia no termina bien o no se ajusta meticulosamente a la regla de los tres actos. Verán, historias de esas hay a quintillones y me temo que nunca van a escasear y esto es bueno (yo no comparto la animadversión que parece mostrar Palacios por Stephen King o Joe Hill, ¿cómo podría con lo bien que lo paso leyendo sus libros?), pero lo que les va a ofrecer Ligotti es algo que sólo él está en condiciones de ofrecer.

En esta entrevista concedida en 2006 a Matt Cardin para la New York Review of Science Fiction y en la que, por cierto, el entrevistador habla casi más que el entrevistado, Ligotti se distancia claramente de esa narrativa pop para la que la historia es lo primero y en la que el autor aspira a pasar desapercibido asumiendo el rol del objetivo de una cámara cinematográfica. Todos los escritores que cita como influencias (Poe y Lovecraft los primeros, pero también Nabokov, Bruno Schulz o Thomas Bernhard) se caracterizan por tener un estilo personal y marcado, por ponerse a sí mismos por encima de la narración hasta el punto de que lo importante ya no es lo que se cuenta, sino cómo se cuenta. Estamos hablando de la escritura como expresión de la subjetividad del escritor, que no como terapia, como torpemente parece sugerir Palacios en la introducción (en realidad, a Ligotti le pone muy malito escribir y preferiría tocar la guitarra). Estamos hablando, por lo tanto, no de entretenimiento, sino de arte, arte con todas las letras, probablemente algunas de ellas mayúsculas.

Pesadillas es lo que me da a mí esta portada.

Pesadillas es lo que me da a mí esta portada.

Y todo esto sin renunciar a la etiqueta de horror writter, porque han de saber que la subjetividad de Ligotti no es un lugar agradable como para quedarse a vivir, toda vez que el pobre hombre lleva décadas aquejado de un trastorno bipolar que cursa con periodos anhedónicos y síndrome de colon irritable, poca broma con eso. Así que lo que van a encontrarse en Noctuario es una colección de ambientes opresivos y personalidades insanas en la mejor tradición del decadentismo.

El Lovecraft de los primeros cuentos de los Mitos, los anteriores a su giro “realista” o de “ciencia ficción”, es un referente claro en El Prodigio de los Sueños, La Medusa o el que para nosotros es la pieza central del volumen, El Tsalal, relato este último, además, bastante explícito respecto a la posición de Ligotti en la tradición de la literatura gótica:

Por supuesto, siempre han existido escrituras de una u otra clase, una tradición popular primigenia que ha proporcionado alusiones a la oscuridad de la creación y a monstruosidades de todo tipo, humanas e inhumanas, como si hubiera alguna diferencia entre ellas. Siempre ha pervivido algo profundamente oscuro y grotesco en todos los idiomas de este mundo, apareciendo intermitentemente y lanzando su sombra durante unos instantes en las historias que intentan buscarle una razón a las cosas, frecuentemente frustrando el final más feliz. Y esa sombra nunca desaparece en ninguna de estas historias, aunque se pretenda hacernos creer lo contrario. La oscuridad de lo grotesco es un enigma inmortal: en todas las leyendas de muertos, en todos los cuentos de criaturas de la noche, en todas las mitologías de dioses locos y demonios lúcidos siempre perdura una especie de sinsentido burlón al final, una voz fuerte y resonante que llama desde el corazón de estas historias y declara: “Todavía estoy aquí”.

En torno a este párrafo se puede construir una interpretación, seguramente abusiva, de toda la obra de Ligotti como un intento denodado de decir lo que no se puede decir, de revelar lo que se esconde, a efectos de catarsis, tras las máscaras de los monstruos del repertorio clásico. Es una tarea ímproba, ya que dotar a nuestros monstruos de nombres y de atributos, sean estos colmillos o tentáculos, es ya traicionar nuestro propósito y someterlos a reglas es iniciar el camino que los acabará convirtiendo en los civilizados ciudadanos que vemos hoy día en series de televisión como Dexter, o Being Human y por tanto en malas representaciones del caos primordial al que apunta insistentemente Ligotti ya desde los títulos los relatos (¡La Sombra en el Fondo del Mundo!).

Esta intuición me parece una inversión perfecta de la que, según dice Wittgenstein en su Conferencia sobre Ética, caracteriza todo a todo pensamiento religioso, a saber, la de sentirse absolutamente seguro en manos de un Dios bondadoso. Para Ligotti, el problema de esta afirmación no es que corresponda a un uso ilegítimo del lenguaje, sino que lo contrario es mucho más fiel a la realidad, al menos a la realidad que él experimenta. En realidad, estamos absolutamente expuestos a la muerte y a la disolución, como no podría ser de otra forma, siendo como somos subproductos absolutamente prescindibles de las fuerzas ciegas del azar, esas mismas a las que disfrazamos de vampiro o de dios tentacular en nuestras ficciones para hacer más soportable nuestra convivencia con ellas. El contacto con lo que hay debajo de esas máscaras es a la vez la experiencia más primitiva y la más oculta para el ser humano, constituyendo una forma de iluminación negativa completamente análoga a la de los grandes místicos pero al revés. El ensayo filosófico de Ligotti, The Conspiracy against the Human Race (a Valdemar rogamos por una traducción…) viene cargadito de ejemplos de este nihilismo militante:

One would think that nature was trying to kill us off or get us to suicide ourselves once the blunder of consciousness came upon us. What was nature thinking? We tried to anthropomorphize it, to romanticize it, to let it into our hearts. But nature kept its distance, leaving us to our own devices […] Once we settle ourselves off-world, we can blow up this planet from outer space. It’s the only way to be sure its stench will not follow us.

 So say we all.

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12 Responses to NOCTUARIO: Anda de día que la noche es mía.

  1. Couto says:

    Con esta entrada ha conquistado mi corazoncito. Me veo en la obligación de hacerme fan de su blog que, además, ha bautizado con el título de uno de mis cuentos favoritos.

  2. LestatZgz says:

    Leer un articulo sobre uno de los mayores exitos (¿y van?) editoriales de Valdemar de los ultimos años siempre es un placer y un deleite.

    Grandisimo articulo, y como no, enorme ‘Noctuario’. Para leer y reeler hasta el fin de los tiempos.

    • Desconozco si Noctuario es un éxito tal en términos económicos (esos datos le correspondería proporcionarlos al señor Don Rafael), pero desde luego que lo es en el otro sentido: un,triunfo del espíritu humano!!!

      Por otro lado, espero que no tengamos que releerlo para los restos. Espero que nos traduzcan más.

  3. LestatZgz says:

    En la libreria familiar donde compro yo los libros de Valdemar, ( para mi, uno de los mejores sitios de Zaragoza donde ellos si que saben lo que venden, no como otros sitios ) en Diciembre/Enero vendierón ejemplares de Noctuario uno detras de otro sin parar. Los reponian, y de nuevo se vendian rapidamente.

    En Cyberdark por lo que he podido ver, lo mismo. Cada dos por tres se agota la edición. Se nota que la gente tenia ganas de leer a Thomas Ligotti. Esos son los datos que dispongo, pero como bien dices, mejor lo sabran nuestros queridos editores.

    Espero que muy pronto en el futuro leamos más de este escritor. Yo desde el mismo momento que termine de leer su libro, me dierón ganas de una relectura, y eso, no me ha pasado núnca con ningún libro.

    Por algo será, ¿no? 😉

  4. He descubierto su blog recientemente y debo decir – como entusiasta de la literatura y en especial del género de terror – que su crítica me parece muy acertada e interesante. Ya tiene conmigo otro seguidor. Un saludo.

  5. Lector Serio says:

    Buenas // Magnífica reseña, o diría más bien semblanza de un autor y radiografía de una tradición literaria. // Tengo pendiente este Noctuario y en realidad la mayor parte de la producción reciente de este señor. // Otro que bebe de las mismas fuentes que Ligotti (incluyendo a su vez al propio Ligotti) es Michael Cisco, que llegó a mis oídos a través de un tal China Miéville y que no tiene desperdicio. // Pero a lo que iba: me pregunto si para escribir estas cosas tan chungas, tan desangeladas, tan lúgubres y supurantes, es condición sine qua non que la vida le maltrate a uno por activa y por pasiva. Intento buscar algún ejemplo de un autor que no cumpla esta condición (y que llegue a las cotas de las que estamos hablando), pero aparte de David Lynch (que parece un tipo muy majete y más feliz que unas castañuelas con su rollo ese meditativo y sus cafés que quitan el hipo y su meteorología angelina), no se me ocurre nadie más. // ¿Quién es capaz de vivir con alegría y al mismo tiempo crear un arte que es pura angustia transubstanciada? Ahora mismo no caigo, pero haberlos tiene que haberlos. // L.S.

    • Jack Ketchum parece un tío más o menos simpático y hay poca alegría en La Chica de al Lado o Al Otro Lado del Río… bueno, simpático también es Ligotti comí podéis comprobar en la entrevista.

      Gracias por la recomendación de Cisco, Serio.

  6. Too bad I cannot read it, but the article looks good! And I’d gladly purchase the Spanish edition of Noctuary.
    Just one thing: I’m the author of Ligotti’s portrait — can you mark that below the picture? Thanks in advance!

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