INTEGRIDAD: Al que madruga Dios le ayuda.

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Pues menudo compromiso, escribir sobre Integridad. Tanto que mis dedos llevan un buen rato golpeando la mesa en lugar de las teclas. Y esto no solo por la dificultad inherente a escribir sobre un debut literario (me quita la salida fácil de compararlo positiva o negativamente con el resto de su producción), publicado, encima, en una editorial pequeña y desconocida por mí hasta ahora mismo , sino porque, encima, el autor, Luisfer Romero Calero (Sevilla, 1986), es colega y eso, quieras que no, viene a sumarse al miedo escénico que me oprime normalmente cuando empiezo un post nuevo. Deben entender que de lo que dudo no es de la calidad de la novela, sino de mi capacidad para decir algo interesante o iluminador sobre la misma y, sobre todo, algo que les dé a ustedes ganas de leerla, cosa especialmente importante en este caso, ya que Integridad opta al premio Ignotus en la categoría de novela corta que se fallará (creo) en octubre y por esta razón necesita todo el amor que podamos darle.

Claro que, teniendo en cuenta que Luisfer Romero Calero es también autor del ensayo sobre Philip K. Dick Un Obseso de la Realidad, y ha ido sembrando por ahí críticas y reseñas de las novelas más notables del californiano, tampoco se puede decir que su mundo, por ser novísimo, esté muy alejado del nuestro. Entiendo por “nuestro” el de los lectores de ciencia ficción y fantasía que crecimos a finales de los ochenta leyendo a los clásicos en ediciones de Edhasa y Martínez Roca y, entre esos clásicos, Dick ocupaba un lugar muy destacado, al menos en mi caso. Pues resulta que Integridad es precisamente eso, una recreación muy inspirada del ambiente de los cuentos y novelas de Philip K. Dick.

A ver si adivinan cuál de estos dos señores es Luisfer.

A ver si adivinan cuál de estos dos señores es Luisfer.

Bueno, no del Dick de la última época, porque Luisfer, que sepamos, todavía no se comunica con Dios, aunque se sabe que ha manifestado en público su disposición a leerse el tochazo de Exégesis, lo que, sin duda, lo pondrá en una situación inmejorable para hacer eso mismo, sino del Dick de Doctor Moneda Sangrienta o La Segunda Variedad. Precisamente mi Dick favorito, así que cuando cogí el libro mi única duda era si un autor tan joven lograría reproducir aquella vieja paranoia dickiana que yo asimilaba de pequeño con los ojos muy abiertos y una convicción invencible de que la vida terminaría pronto para mí en el teatro de operaciones europeo por culpa de una conflagración termonuclear entre las dos superpotencias. Porque no nos engañemos, los cuentos de Philip K. Dick descansaban fuertemente sobre esa tensión geoestratégica bipolar, y no sólo los que ya iban explícitamente de eso; incluso cuando los terrícolas se enfrentaban a los marcianos seguían siendo los americanos y los rusos dándose candela por el sistema solar adelante.

 Pues bien, Luisfer Romero, que es un niño de la Perestroika, ha crecido en un mundo de tensiones multipolares y difusas y nunca conoció en primera persona aquellos buenos tiempos en los que todos sabíamos exactamente de qué íbamos a morir, elude esta dificultad mediante la inteligente decisión de situar la acción de su novela después de la tan temida Tercera Guerra Mundial. Un conflicto, por cierto, que tiene lugar entre Estados Unidos y la Unión Europea y que deja el planeta hecho unos zorros, como no podía ser de otra manera. ¿Todo el planeta? No, la verdad es que a la nación conocida como Murrayland, de capital Albión, le va bastante bien. Tienen rascacielos, aerocoches, juegos de realidad virtual y, sobre todo, ambrotos, una droga milagrosa que consumen en el agua y la comida y que permite reducir la necesidad humana de dormir a sólo dos horas diarias.

Ni que decir tiene que con tanto tiempo de vigilia los habitantes de Murrayland se aburren como ostras y es por eso que el protagonista, Eric Burton, decide enrolarse en el Organigrama, una organización jerárquica, que no necesariamente un ejercito, que supuestamente se dedica a hacer el bien por el mundo, a lo que hoy en día llamaríamos misiones humanitarias, vaya, pero que lo que en realidad hacen es representar los intereses estratégicos de Albión donde sea necesario. Burton se enrola en el Organigrama esperando ver mundo y, también, resolver los conflictos propios del paso de la adolescencia a la vida adulta (Burton tiene 19 años, edad más que suficiente para haber alcanzado el grado de coronel en una civilización que solo duerme dos horas al día), algo a lo que el protagonista se refiere como “conquistar su integridad”.

Vamos, muchachos, nuestra integridad está al otro lado de esa colina.

Vamos, muchachos, nuestra integridad está al otro lado de esa colina.

Claro que esto de la integridad no es fácil y el mundo más allá de las fronteras de Murrayland no es ningún juego de realidad virtual. Burton, además, como todo joven que haya crecido en una sociedad prospera y protectora está fatalmente equipado para enfrentarse a la violencia real, cosa esta (la de que la violencia sea real) que, por otra parte, está por ver porque nada ni nadie tiene porqué ser lo que parece y una cosa es dormir dos horas al día y otra muy distinta una hora y tres cuartos… ¿Había mencionado ya que la novela bebe a grandes tragos de Philip K. Dick?

No voy a pretender que se crean ustedes que Integridad y Luisfer Romero Calero salen listos y armados como Atenea de la cabeza de Zeus. Lo contrario es más bien cierto, y el autor paga su condición de novato con unos cuantos fallos que pueden descubrir por ustedes mismos, sobre todo en el apartado de la exposición, que es demasiado directa y demasiado invasiva en ocasiones, y, como consecuencia de lo anterior, en el ritmo. El balance de errores y aciertos, no obstante, ofrece un saldo positivo, sobre todo teniendo en cuenta que la novela es breve y no les va a trastocar a ustedes demasiado sus calendarios de lecturas previstas. La impresión final es que el autor puede y debe dar más de si en próximos intentos, cosa que logrará con más facilidad si empezamos a hacerle caso aquí y ahora.

 So say we all.

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5 Responses to INTEGRIDAD: Al que madruga Dios le ayuda.

  1. Odo says:

    “una convicción invencible de que la vida terminaría pronto para mí en el teatro de operaciones europeo por culpa de una conflagración termonuclear entre las dos superpotencias”

    Yo recuerdo que, con 8 o 9 años, me preguntaba para que se preocupaban los equipos de fútbol y baloncesto en hacer fichajes para la siguiente temporada (y anunciarlos a bombo y platillo, que eso no es algo que se haya inventado ahora) si estaba claro que los pepinos nucleares iban a a caer en cualquier momento y no habría temporada 83-84 ni nada por el estilo.

    En cuanto al libro que hoy te ocupa, me ha picado la curiosidad. ¿Se encuentra disponible en ebook?

    • La verdad es que no es de extrañar que hayamos salido una generación tan aficionada a las películas de cosas que saltan por los aires, con esa infancia de duck and cover.

      Creo que no hay ebook.

  2. Couto says:

    Oiga, pues sí que entran ganas de leerse el libro.
    Yo digo que el señor Luisfer es el de la derecha. Y hasta diría más: esas estanterías de madera parecen las de la librería Gigamesh de Barcelona. O eso, o todas las librerías que se dedican a vender ciencia ficción, terror y fantástico son iguales.

  3. No se equivoca usted ni de persona ni de librería.
    😉

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