ACCELERANDO: Ancho de banda y libertad.

1) El Extraño Caso de Charles Stross.

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Charles Stross es hizo sus primeros pinitos escribiendo sobre Dungeons&Dragons para la mítica cabecera White Dwarf en los últimos años setenta o primeros ochenta. Desde estos, que algunos de ustedes consideran unos principios poco prometedores, su trayectoria ha dado más vueltas que la proverbial veleta y ha sembrado el mercado con un buen número de novelas, muchas de ellas pulcramente ordenadas en series, relatos y artículos periodísticos. Stross es eso que llamamos un escritor prolífico.

Si no me creen, echen un vistazo a su bibliografía oficial según Wikipedia: Por un lado, tenemos la exitosa serie de The Laundry Files, que va por seis novelas y una más prometida para 2014, en la que combina el thriller de espías con el horror cósmico de herencia lovecraftiana; Seis novelas es también lo que dura The Merchant Princes, un up to date de los Príncipes de Ámbar de Zelazny que hay que amar sí o sí; Las series de Eschaton y Saturn’s Children constan ambas de dos volúmenes y representan su acercamiento a la space opera de aquella manera, mientras que en The Halting State Series apuesta por el género criminal y la ciencia ficción de futuro cercano. Aparte de esto, tenemos colecciones de relatos (dos, que se sepa) y algunas novelas sueltas, entre ellas Accelerando, que es la que nos preocupa hoy. No es de extrañar que el bueno de Charles decidiera abandonar en 2004 su colaboración con la revista Computer Shopper para poder sacar a delante semejante producción.

Las obras de Stross se han visto agraciadas las más de las veces con prestigiosos galardones y así, en las estanterías de su casa (suponemos), descansan unos cuantos premios Hugo y Locus (Accelerando ganó uno de estos). Las nominaciones no le ocupan sitio, lo que es una suerte porque, de ser así, tendría que comprarse otra casa para ponerlas. Por si todo esto fuera poco, cada cierto tiempo corre el rumor de que importantes estudios de Hollywood están interesados en adquirir los derechos de The Laundry Files. Otras veces son importantes cadenas de televisión por cable las que, aparentemente, quieren hacerse con los derechos de sus obras.

No lo abandones. Él no lo haría.

No lo abandones. Él no lo haría.

Lo que estamos intentando transmitirles un poco torpemente es que si ustedes tuvieran la sádica apetencia de despertar a un aficionado anglosajón a las cinco de la mañana para preguntarle por sus escritores favoritos de ciencia ficción contemporánea, es casi seguro que el nombre de Stross saldría a relucir más pronto que tarde. Las razones son claras y ya las hemos explicado, pero vamos a repasarlas por si alguno no estaba atendiendo. Tenemos un escritor prolífico (muchos libros y muchas series para enviciar al lector), galardonado (sabemos que a los editores les encanta poner estas cosas en la portada) y nada vanguardista (podrán apreciar ustedes que los subgéneros que toca son todos muy del gusto de la persona humana en general). Tenemos, además, a un tipo que, como podrán a preciar en las fotos, tiene toda la pinta de ser un fan de estas cosas y de patearse las convenciones firmando ejemplares.

Teniendo todo esto en consideración, nos da la impresión de que las librerías españolas deberían estar rebosando de novelas de Stross y la gente debería ir a la playa con camisetas y toallas de The Laundry Files. Una visita breve a un par de librerías especializadas y generalistas de internet servirá para disipar esta falsa impresión: en realidad, las obras de Stross traducidas a nuestro idioma no pasan de dos o tres. Cómo es esto posible, se estarán preguntando ustedes, especialmente si la anterior exposición de sus virtudes comerciales les ha parecido convincente. Pues lo que ocurre es que estamos ante uno de los fenómenos más misteriosos del mundo editorial español, uno que necesitaría el concurso de Iker Jiménez y toda su Nave del Misterio para esclarecerse, uno que ríase usted del Valle Inexplicable. Es un hecho, por lo demás, bien conocido por el aficionado de aquí desde el alba de los tiempos, y a nadie le extraña que autores que gozan del beneplacito de la crítica y/o el público allende los mares sean por estos lares perfectos desconocidos.

Al menos, en el caso que nos ocupa, y gracias al buen hacer de Luís G. Prado al frente de Bibliópolis y de Carlos Pavón en las labores de traducción, podemos disfrutar de Accelerando en nuestro idioma. Pero ojo, porque gran parte de lo dicho anteriormente sobre la accesibilidad y las virtudes comerciales de Stross podría no ser cierto en este caso. Accelerando es una novela que a menudo es calificada como difícil, exigente y hasta frustrante. Por aquí nos ha gustado mucho, casi diríamos que es una de las novelas de ciencia ficción que más nos han gustado en la vida, y todo esto teniendo en cuenta que fuimos muy conscientes en todo momento de la dificultad del texto e incluso llegamos a sentirnos frustrados alguna que otra vez. Y es que Accelerando es la catedral gótica de Stross, una obra ambiciosa y exigente que tardó  cuatro años en ver completada (bueno, aquí hay un poco de trampa, como veremos) y que a ustedes les puede llevar un buen rato acabar de leer.

 2) Lo Duro en la Ciencia Ficción.

Explicado con todo detalle.

Explicado con todo detalle.

Pese a que vivimos en una época confundida por el asunto del slipstream, parece relativamente seguro afirmar que la ciencia ficción es una forma literaria centrada en las innovaciones científico-técnicas y en sus consecuencias para las sociedades que las ven nacer. Es por esto que el género hace sus primeras apariciones (Verne, Wells, etc.) en el siglo XIX, cuando la capacidad del progreso técnico para afectar de modo irreversible la vida diaria empezaba a estar claro, y en países en los que, de hecho, existía una auténtica revolución industrial.

Si la narración en cuestión se detiene mucho en los aspectos técnicos y científicos, hablamos de ciencia ficción dura y es ahí donde suelen empezar los problemas. Hay por ahí sueltos unos cuantos memes sobre este tipo de literatura que son los que suelta la gente cuando se pone en modo crítico. Nos referimos a las consabidas quejas sobre el carácter poco literario del texto, la ausencia de personajes interesantes y la predecibilidad de las tramas, todo lo cual pretende implicar que más que una novela es un manual técnico de gran interés para los ingenieros aeroespaciales, pero poco ameno para el público en general. Estas objecciones, que pueden ser justas o no, depende de los casos, fallan por la base no sólo por el argumento moral que sostiene Madeline Ashby en este artículo, sino porque el recurso a la ciencia y la tecnología es precisamente lo que nos permite distinguir la ciencia ficción del poema épico o la crónica de costumbrista, así que podemos suponer que la persona que abre una novela de este género ya sabe lo que se va a encontrar y no tiene mucho objeto quejarse, como mucho coger una novela de otro género más orientado a los personajes o al estilo. Además, si nosotros leemos una novela realista protagonizada por un carpintero o un tornero fresador, esperaremos encontrar en ella abundante información sobre sus respectivos oficios y le llamamos a eso buena documentación, ¿por qué debería ser distinto si el protagonista es un genetista famoso o el orgulloso poseedor de una máquina del tiempo?

Nos consta que las novelas de ciencia ficción dura pueden ser un auténtico muermo, pero en todo caso no por la falta de virtudes propiamente literarias sino por la escasez o la pobreza de las especulaciones que ofrece al lector. Con Accelerando no van a tener ustedes ese problema porque en cada página, casi diría que en cada párrafo, van a ser testigos de tal desfile de ideas heterodoxas y especulación tecnológica avanzada que no les van a hacer falta alucinógenos para flipar. No lo decimos nosotros, lo dice Cory Doctorow.

También es cierto, y se critica a menudo, que la ciencia ficción dura fue muchas veces vehículo de ideologías militaristas, imperialistas y uber-capitalistas, o, cuanto menos, de un cierto optimismo cientifista no respaldado por la realidad empírica. Respecto a este punto, Accelerando se muestra un tanto ambigua ya que, aunque en una lectura superficial pueda hacernos pensar que lo que nos muestra es una utopía tecnológica al uso ( una en la que los seres humanos alcanzan la divinidad gracias al uploading y el Sistema Solar en su conjunto es transformado en una computadora gigante) , las intenciones del autor son muy distintas y, en realidad, el brillante escenario futurista no es más que el decorado swiftiano en el que se escenifica una elaborada sátira. ¿Una sátira sobre qué?

3) It’s the economy, stupid.

Agente financiero en pleno proceso de reestructuración.

Agente corporativo en pleno proceso de desmantelamiento.

Otro criterio clasificatorio muy extendido afirma que cuando una novela de ciencia ficción va de fenómenos astrofísicos o gigantescas estructuras de ingeniería, es decir, cuando las llamadas ciencias duras juegan un importante papel en su desarrollo, nos encontramos ante una novela de ciencia ficción dura. Si, por el contrario, la historia va sobre la convivencia con una cultura alienígena o sobre la superpoblación, se la llama ciencia ficción blanda, por entender que las ciencias del ramo de la antropología, la sociología y la economía son menos científicas que las otras.

Puede que esto fuera así en los tiempos de Arthur C. Clarke, que eran tiempos obsesionados por lo aeroespacial, pero en la actualidad, la situación es mucho más confusa. Para empezar, decimos que la ciencia ficción va sobre los adelantos técnicos y sus consecuencias sociales, por lo tanto, las ciencias “humanas” no pueden ser dejadas a un lado así como así. Si un científico inventa una vacuna contra el cáncer, un arma biológica autoreplicante o una máquina del tiempo, esto va a transformar su entorno social de maneras que variarán entre lo trivial y lo apocalíptico y que pueden salir o no en el relato pero, desde luego, deben ser tenidas en cuenta. El caso es que el contenido de una novela en ciencias blandas puede ser tan científico en todos los sentidos relevantes (especialmente en el de las dificultades de comprensión que experimente el lector) como cualquier disertación sobre física cuántica o geometría no euclidiana.

La economía, por ejemplo, complica bastante las cosas al lector de Accelerando, sobre todo si está acostumbrado a leer sobre agujeros negros, hasta el punto de que puede pasar desapercibida la verdadera intención de la novela (o, al menos, una de las más evidentes) que no es otra que hacer una crítica del capitalismo creativo que venimos padeciendo en las últimas décadas.

El protagonista inicial de la novela, Manfred Macx, es un libertario digital, una especie de Julian Assange empeñado en superar la economía de la escasez, también llamada juego de suma cero, es decir, aquella en la que se intercambian unos bienes por otros y que, como todos sabemos, está llamada a ser superada por la libre circulación de información en el espacio digital. Así, nos encontramos a Manfred en Amsterdam, empeñado en hacer ricos a los demás a cambio de nada y sin tributar un solo impuesto, cosa que vuelve loco al gobierno estadounidense y, en particular, a su ex mujer, que es agente federal. Otro de los empeños de Manfred es liberar en la red el legado musical del siglo XX (otra vez), para lo que tendrá que enfrentarse a la mafia rusa, que ha adquirido los derechos sobre los catálogos de las grandes discográficas después de la quiebra de la industria del entretenimiento. Con este fin, crea una red de compañías que son a su vez inteligencias artificiales autorreplicantes con personalidad jurídica (porque, en opinión de Manfred, el test de Turing es una medida discriminatoria que viola la legislación de la UE en materia de derechos básicos) para ser titulares de los derechos de copyright.

Con estas gafas haré gritar a la Escuela de Chicago.

Con estas gafas haré gritar a la Escuela de Chicago.

Aparte de no buscar beneficios personales, las estrategias de Manfred se parecen mucho a las empleadas por George Soros, explotando las expectativas de los agentes capitalistas y las diferencias de legislación entre diversos estados. Manfred cuenta, además, con una ventaja sobre Soros: está fuertemente conectado a internet a través de implantes y, en concreto, dispone de unas gafas-interfaz prodigiosas. Es un poco la visión que tiene Stross del individuo presingularitario, o inminentemente singularitario, que está perdido sin sus feeds de noticias y su conectividad constante.

Manfred se alía con un viejo eurocomunista italiano para revivir la economía planificada, en esta ocasión asistida por fabulosos algoritmos inteligentes que asignan los recursos con mayor efectividad que las fuerzas ciegas del Mercado. Tras la Singularidad, sin embargo, este sistema se escapa de las manos de sus creadores y da lugar al orden económico propiamente posthumano, la Economía 2.0. Lo curioso es que ésta vuelve a ser una economía de la escasez, en concreto de la escasez de energía y ancho de banda, además, los agentes económicos no son personas, sino corporaciones, inteligencias artificiales autónomas, tal vez las herederas de las compañías robot de Manfred, que evolucionan hasta convertirse en peligrosos depredadores.

El sector estrella de la economía 2.0 es el desmantelamiento. Satélites y planetas enteros deben ser desmantelados y convertidos en nubes de nanocomputadoras con las que rodear el Sol, con la consiguiente amenaza a la supervivencia de toda forma de vida con base orgánica como por ejemplo, los seres humanos que por muy aumentados que estén no tienen sitio en este entorno hipercompetitivo. No se me ocurre mejor manera de representar el imperativo categórico capitalista de transformar todo lo existente en beneficio.

Lo peor es que esta situación parece generalizada y cuando Amber, la hija de Manfred, decide envíar una copia digitalizada de si misma en una nave del tamaño de una lata de coca cola para explorar lo que parece ser el nodo de red más cercano, lo que se encuentra allí no es una inteligencia superior propia de una especie capaz de realizar semejante labor de cableado del universo conocido, sino un espacio virtual degenerado y habitado por inteligencias carroñeras empeñadas en organizar una estafa piramidal. Además de su contundente ironía, esto ofrece una explicación ingeniosa de la paradoja de Fermi: las presuntas civilizaciones avanzadas que pueblan el Universo guardan silencio porque, pasado el punto de la Singularidad se autodestruyen, no por medio de una guerra nuclear, como se habría pensado en tiempos más de orden, sino sofocados por la autonomía de sus propios instrumentos financieros.

Es, sin duda, un tenebroso panorama y, teniendo en cuenta que la novela se publicó en 2005. Nos parece asombroso que alguien pueda haber leído Accelerando como una utopía tecnológica al uso y no darse cuenta de que ésta, la primera gran novela sobre la Singularidad, Vernon Vinge dixit, es, en realidad, una distopía como la copa de un pino.

Sí, es cierto que aquí se hacen realidad, y a buen ritmo, las más descabelladas propuestas del movimiento posthumanista, pero los ideales libertarios e iluministas se olvidan por el camino y al final todo queda consumido por la furia depredadora del Capital. En este sentido, Zendegi, que en un principio podría parecer la contrapartida pesimista de Accelerando (pesimista en el el sentido de que los avances tecnológicos no se producen), se revela como una novela profundamente optimista en su reivindicación del humanismo tradicional y las revoluciones incruentas.

4) Historia del futuro.

Aquí podemos poner otro centro comercial.

Aquí podemos poner otro centro comercial.

Se puede leer Accelerando como si fuera una novela, pero también se puede leer como una colección de relatos relativamente independientes. Esta última manera tal vez sea la más adecuada para aquellos lectores que se sientan abrumados por el ritmo de la narración, es, además, más fiel a la naturaleza de la obra, porque Accelerando no es otra cosa que un fixup, un libro compuesto por una serie de novelas cortas publicadas por Stross en la revista Asimov’s entre 2001 y 2004, y por lo tanto no tiene una auténtica estructura novelística, sino que se rige por una dinámica de ir subiendo la apuesta en cada nueva entrega, algo que se aprecia mejor si se lee un capítulo, se deja descansar el libro una temporada y luego se lee otro.

Este procedimiento del fixup es muy común en la ciencia ficción y se pueden citar ejemplos tan honorables como Los Señores de la Instrumentalidad de Cordwainer Smith o La Fundación de Asimov. Es especialmente útil cuando los arcos argumentales de la narración se van a prolongar durante décadas o siglos de tiempo narrativo, es decir, cuando se aspira a escribir una Historia del Futuro por todo lo alto. Claro que los ejemplos citados se prolongaban a lo largo de milenios, mientras que aquí, por las cosas de la acceleración tecnológica, todo ocurre en apenas un siglo. Nuestro siglo. Ante nuestros ojos vemos desplegarse una realidad que en los primeros capítulos nos recuerda poderosamente a la nuestra con algunos extras cyberpunk, pero que evoluciona quemando etapas a toda velocidad hasta transformarse en algo tan ajeno y alienígena como lo pueda ser el escenario de una space opera del futuro lejano.

Las etapas de este proceso se corresponden a grandes rasgos por las propuestas por el físico ruso Nikolai Kardashiev a principios de los sesenta (pero que ustedes pueden consultar en este artículo del 84 titulado On the Inevitability and Possible Structures of Supercivilizations ). Es la famosa escala Kardashiev, que toma como referencia la cantidad de energía que una civilización es capaz de poner a su disposición. Las civilizaciones de tipo I serían capaces de aprovechar toda la energía solar disponible en su planeta natal; las tipo II ya serían capaces de aprovechar toda la energía emitida por la estrella; las tipo tres, por una galaxia… Se ha especulado sobre civilizaciones de tipo IV y V, pero estas ya son palabras mayores, muy difíciles de distinguir de lo que tradicionalmente se vienen llamando dioses.

Acumulación de capital 2.0

Acumulación de capital 2.0

En todo caso, podemos apreciar que todo este desarrollo, incluso si se trata tan solo de pasar de una civilización de tipo I a una de tipo II, como es el caso de Accelerando, va a requerir importantes proyectos de ingeniería. En la novela, las ideas más llamativas a este respecto son las Esferas de Dyson y los Cerebros Matrioshka.

La idea de las esferas de Dyson proviene, obviamente de los trabajos del físico Freeman Dyson, aunque también la cita Kardashiev en el artículo linkado más arriba, y es mencionada frecuentemente en el contexto de discusiones sobre civilizaciones alienígenas. La idea es que una civilización lo suficientemente avanzada, digamos entre tipo I y tipo II, tendría que construir algún tipo de esfera alrededor de su sol con la finalidad de obtener el máximo rendimiento energético y que por lo tanto nuestras busquedas de civilizaciones extraterrestres no deberían dirigirse a sistemas solares “normales”, sino a aquellos que hubieran sufrido en todo o en parte este tipo de ingeniería.

La idea de Cerebro Matrioshka parte de la de Esfera de Dyson, pero donde ésta simplemente pretende extraer del entorno la máxima cantidad de energía utilizable, aquella ve en la construcción misma de la esfera una oportunidad para aumentar la capacidad computacional, siempre y cuando las esferas no estén constituidas por materia estúpida, sino por el famoso computronio o, lo que es lo mismo, por un tejido de nanomáquinas interconectadas. Aplicando esta lógica acabaremos no con una, sino con una serie siempre creciente de esferas concéntricas cada una de las cuales es al mismo tiempo una gigantesca placa solar y un superordenador capaz de dotar de ancho de banda a las versiones digitalizadas de todos los seres humanos que en el mundo han sido.

La imagen del Sol confinado en el centro de un sistema de esferas concéntricas tiene, además, la virtud de recordar al modelo aristotélico del Sistema Solar, en el que cada planeta giraba sólidamente fijado a una esfera transparente de un material sutil llamado éter. Claro que en la versión de Aristóteles era la Tierra la que ocupaba el centro del sistema.

 So say we all.

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4 Responses to ACCELERANDO: Ancho de banda y libertad.

  1. Lector Serio says:

    Poco que añadir. // Diría en todo caso y, más que nada, por no callar, que la falta de éxito de un tipo como Stross en este país quizás se deba a que el ‘friquismo cañí’, como tantas otras cosas cañíes, es en el fondo de palo, e intuyo que lo publicado hasta ahora en Espanya del escocés no ha tenido el tirón comercial mínimo para que cuaje el asunto, esto es, que los ‘friquis’ no han aflojado la panoja. // Por lo demás, mírese usted bien esas erratillas, que empañan (si es que eso es posible) el brillo de tan sabias palabras. // L.S.

  2. Pingback: Stross y el rap | Más ficción que ciencia

  3. Santeorolo says:

    Me ha gustado la reseña. Leído el libro, estoy de acuerdo en que su tema principal es la crítica a la voracidad empresarial ilimitada. Precisamente hace poco Stross escribió en su blog una entrada en la que decía que estamos sufriendo una invasión alienígena, la de las empresas. Y lo argumentaba con gracia.
    El libro me ha gustado más cuanto más me acercaba al final, el principio se me hizo un poco soso. Y abusa de la tecnojerga (me da que la usa con mucha alegría o directamente se la inventa.
    En cuanto a la publicación de más libros suyos en español, pues es una lástima que no se haga, sí. Al final me voy a tener que leer los Laundry Archives en inglés.

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