RICHARD GAVIN EN EL ALTAR DEL MIEDO

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English version here.

Ahora bien, mi teoría afirma que lo sobrenatural es un imposible; lo que se llama sobrenatural solo es algo, dentro de las leyes de la naturaleza, que hasta ahora hemos ignorado. Si un fantasma se alza delante de mí, no tengo razón para decir: “Luego lo sobrenatural es posible”, sino más bien; “Luego la aparición de un fantasma está, en contra de la opinión recibida, dentro de las leyes de la naturaleza, es decir, no sobrenaturales”.

Edward Bulwer-Lytton: La Casa y el Cerebro (Trad. Arturo Agüero Herranz).

Lo que viene a continuación no es una reseña porque no puede ni quiere serlo; es una relación desordenada de las ideas que pasaron por mi cabeza durante la lectura del que, para mí, es uno de los libros imprescindibles del año pasado (At Fear’s Altar, de Richard Gavin) y las posteriores y muy esclarecedoras conversaciones que mantuve con Gavin a través de Facebook. Tanto la lectura como el intercambio de opiniones tuvieron lugar hace ya más de un mes y, dado que las mencionadas ideas se niegan a abandonarme, he decidido confiarlas a la dudosa materialidad de la tinta electrónica a modo de exorcismo. No me prodigaré en elogios a la obra: no los necesita. Está disponible en el mercado, así que pueden comprarla y comprobar sus virtudes ustedes mismos; puede que encuentren alguna que a mí se me haya pasado desapercibida. Si a alguien le interesa mi opinión, diré que las editoriales españolas deberían pelearse por conseguir los derechos de traducción de esta colección de relatos, pero, claro, qué sabre yo.

Por lo demás el texto será breve, pues aspiro a traducirlo al inglés para enviárselo al autor y porque, además, Wittgenstein dixit, de lo que no se puede hablar es mejor callar.

Amiguito imaginario.

Amiguito imaginario.

 El Horror Sobrenatural en la Literatura.

Not until my father took the highway cut-off nearest to our street did my appropriate feeling for Capricorn return: fear.

Richard Gavin. The Eldrich Faith.

Me atrevería a decir que el concepto de “lo sobrenatural” ni siquiera existía para las generaciones que vivieron y murieron antes del auge de la Ilustración y el Racionalismo. Sólo a partir de la definición de la Naturaleza como un reino gobernado por leyes mecánicas y habitado únicamente por la materia inerte tiene sentido llamar sobrenaturales a aquellos hechos que aparentemente no se atienen a las reglas del juego; los mismos prodigios que al parecer eran frecuentes en tiempos bíblicos y homéricos, pero que ahora se nos han vuelto raros. Raros en el sentido de que son excepcionales, pero también en el sentido de que son aberrantes, una auténtica ofensa a nuestra dignidad epistemológica que debe ser perseguida y eliminada o, por lo menos, ridiculizada por todos los medios.

Esta situación, nos aseguran, es provisional. Al final, la luz de la razón alcanzará hasta los rincones más oscuros, y todo eso que ahora permanecen inexplicado se resolverá con la misma limpieza mecánica con la que ahora nos explicamos el poder de los soles o la alternancia de las estaciones. Pero hay incógnitas que no pueden ser despejadas, y a ellas se asociará muy pronto una sensación de horror numinoso, pequeños recordatorios de una economía mental en que las cosas no estaban tan claras y el mundo estaba lleno de dioses, algunos de los cuales ya eran temibles por derecho propio, aunque ahora lo son más porque militan en el bando de lo atávico y lo reprimido. A nadie le hace gracia ser ignorado y ninguneado, a ellos tampoco, así que la relación del hombre moderno con ellos es la misma que tienen los padres con los amigos invisibles de sus hijos pequeños: se les niega y se les teme…

 What?”

King Him.”

I thought all that was settled a long time ago.”

We did settle it, King Him didn’t.”

But you said you banished King Him after … that you banished King Him the last time.”

I did. King Him came back.”

Richard Gavin. King Him.

El muy deseado novio-monstruo.

El muy deseado novio-monstruo.

La Suspensión de la Incredulidad.

No creo en fantasmas, pero me dan miedo.

Madame du Deffand.

Como pone de manifiesto esta conocida cita de esta mujer tan sagaz e ilustrada, existe un desajuste entre la razón y el sentimiento, de modo que aquello que ya ha sido desterrado al territorio de lo inexistente sigue ejerciendo un cierto poder sobre el alma a través del miedo. La mejor idea que se le ha ocurrido a nuestra época para lidiar con esta paradoja es convertirla en un placer en forma de ficciones terroríficas. En ellas podemos experimentar el “delicioso escalofrío” sin riesgo de perder la cordura porque somos conscientes en todo momento del carácter artificial y fundamentalmente inofensivo del objeto de nuestros temores y no es de extrañar que a lo largo de siglos tan de orden como el XVIII y el XIX el cuento de terror experimentara una auténtica carrera armamentística de creciente sofisticación. Sentir miedo se había convertido en un pasatiempo aceptable para hombres y mujeres cultos y civilizados, un complemento tal vez necesario a una vida regida por los secos principios de la ontología materialista.

Hay quien ha argumentado que este fenómeno podría entenderse como una encomiable y romántica forma de reencantamiento de un mundo que, habiendo sido desencantado por la Ilustración, se dirigía obediente a la jaula de hierro weberiana. Vale. Aunque también puede argumentarse con igual facilidad que toda la evolución del cuento de terror moderno no es otra cosa que un descarado intento de robar el poder a lo numinoso para transformarlo en un entretenimiento y un juguete, de la misma forma que se encierra a las fieras en los zoos o se las obliga a representar números circenses para disfrute de pequeños y mayores. La auténtica explicación, si es que existe, será con toda probabilidad más compleja y contendrá elementos tanto de una cosa como de la otra.

KING HIM COMES AND GOES THROUGH ‘THE MATHEMATICS OF MAKE-BELIEVE.

Richard Gavin. Extracto de “Reglas Cardinales de King Him”, King Him.

Richard, lookin' cool.

Richard, lookin’ cool.

Sea como sea, lo que enseguida resultó claro es que esos modernos traficantes de pesadillas de mentira necesitaban suscitar en sus descreídos lectores aquello que Coleridge identificó como “la suspensión voluntaria de la incredulidad”, tarea nada sencilla y sí muy estresante, ya que los gustos del público evolucionan rápidamente y los trucos que tan bien le funcionaban a una Ann Radcliffe (el ulular, el ruido de cadenas…) producían más bien risa a la siguiente generación de lectores. Es esta una forma enormemente respetable y exigente de artesanía, en el sentido de que en ella hay oficio pero no arte, lo que explica el lamentable estado en el que se encuentra el género hoy en día, en el que uno, como lector, se siente manipulado por un autor que es más un trilero que un poeta en el sentido heideggeriano del término (a saber, un pastor del Ser). Esto es cierto sobre todo de aquellas variedades que gozan de mayor éxito comercial o, cuanto menos, aspiran a él, que como saben están plagadas de personajes y recursos tópicos, cliffhangers torticeros y burdos chantajes emocionales y es menos cierto o, más bien, absolutamente falso en el caso de la tradición que va más o menos de M.R. James a , sí, lo han adivinado, Richard Gavin pasando por Lovecraft, Robert Aickman o Thomas Ligotti y que los anglosajones, con su característica precisión terminológica, etiquetarían antes como Weird que como Horror.

Para explicar la peculiar naturaleza de lo Weird y en que se diferencia de lo que llamamos horror a secas, me veo obligado a recurrir por segunda vez a las sabias palabras de don Reggie Oliver en la introducción de su notable antología Masques of Satan (Ash Tree).

The stories that follow may contain humour and artifice, but they are essentially serious. They are not divertissements: in fact, I have become convinced that to write ghost stories of lasting merit it is necessary to believe in the possibility of eternal damnation. I am fully aware that this sounds a harsh, even barbarous statement, but I do not want to qualify it, only to explain. I do not mean by it that one needs to subscribe to a particular religious creed. On the contrary I believe that rigid, dogmatic beliefs are usually inimical to good writing, especially when the holder of those beliefs cannot resist a sermon. (Dante, Milton and Bunyan may perhaps provide partial exceptions to this rule.) On the other hand a sensitivity to the spiritual is essential, as is a belief in its eternal significance. 

Las niñas bonitas no pagan dinero.

Las niñas bonitas no pagan dinero.

Cada día estoy más convencido de que esta es la clave. Las herramientas estaban ahí desde el principio pero las estábamos cogiendo por el extremo equivocado: si el autor quiere provocar un efecto terrorífico real debe empezar por lograr ÉL la suspensión voluntaria de la incredulidad y colocarse en la incómoda posición de un moderno médium o chamán que sirva de guía al lector en su viaje de ida y vuelta a través de la Laguna Estigia, previo pago de los preceptivos óbolos al barquero. El propio Gavin me confirmó esta impresión en nuestro breve intercambio de mensajes: I often say that my fiction is less manufactured storytelling than it is reportage of liminal experiences and impressions.

Existe otra forma de enfrentarnos a aquello que nos aterroriza y no es otra que abrazarlo y quererlo por lo que de verdad es, incluso transformarnos nosotros mismos en ello, como les suele ocurrir a los personajes de Lovecraft y a los de Gavin al final de sus cuentos. Hay una especie de alegría en esa entrega dionisiaca que se confunde fácilmente con la locura, pero es el único final feliz posible en un relato de este tipo. Cualquier intento por parte de los personajes de aferrarse a su propia identidad conduce a un desastre aún mayor.

I have enclosed the jade amulet with this letter. Please wear it whenever you lie down to your sleep. This is how your Initiation will begin, Mother; in the guise of terrible dreams. I beg you; do NOT dismiss them as just nightmares when you awaken. You must record these experiences in minute detail, and must then treat these accounts as your unique black gospel. Nightmares are the means by which you will learn to wrench yourself from the human, learn to Shift as I and my Teacher have. I still find Shifting rather painful, but not nearly as when I first birthed my wings. It is now almost as easy as disrobing.

& wait until you get your first direct blast of the Starry Wisdom, Mother; sheer orgasms of light & thunder.

Richard Gavin. Faint Baying from Afar.

Mente y cuerpo en perfecto equilibrio.

Mente y cuerpo en perfecto equilibrio.

Mente y cuerpo.

Entiendo que digas que soy un desastre,
pero es mi cerebro, no me siento responsable.
Si te calmas y dejas que te lo explique,
verás los insondables misterios de la psique.

Astrud. Minusvalía.

La consecuencia más deplorable del materialismo, sin embargo, es la forma en la que separa a la consciencia del Mundo y, de hecho, de sus propios cuerpos entendidos ahora como partes integrantes de ese Mundo. En esto cuenta con el apoyo táctico de la escolástica cristiana, (una lectura muy apreciada por Descartes, tanto que cuando se vio obligado a huir a Holanda apenas llevó consigo una muda y las obras de Tomás de Aquino), y su insistencia en el libre albedrío: es importante que las personas tomen sus decisiones con plena libertad para así poder mandarlas al Infierno sin cargo de conciencia. Es por esto que si se pretende someter la Naturaleza toda a una legislación determinista, hay que cortar antes los lazos que la unen al alma humana con el Anima Mundi que además, nos avisan, no existe. Materia inerte ¿recordáis? Y así se queda el pobre humano; atrapado en su propia y claustrofóbica subjetividad, en la misma situación que esos señores que tenían un chalet con vistas al mar y les construyeron un centro comercial delante de su puerta. A partir de ahora, toda su vida tendrá lugar de puertas adentro, en ese lugar que es sobre todo un teatro en el que se representa el mundo exterior, porque el mundo exterior es inalcanzable. La situación anómala, lejos de remitir, se agrava cuando una figura tan autorizada como es la de Kant declara que, efectivamente, nunca podremos conocer las cosas como son en sí mismas y siempre tendremos que conformarnos con sombras y señales.

Este sueño solipsista tiene una ventaja para los escritores de ficciones terroríficas, y es que puede fácilmente convertirse en una pesadilla. El mundo está perfectamente ordenado, pero la consciencia es precisamente el lugar donde puede manifestarse la arbitrariedad, el desorden y, por qué no decirlo, la locura. Nace así lo que normalmente se conoce como “terror psicológico” o, lo que es lo mismo, ese tipo de historia en el que todos los sucesos inquietantes acaban atribuyéndose a las perturbaciones de una mente enferma (la del narrador) y todo el mundo puede irse a la cama y dormir plácida y profundamente al terminarla. No me interpreten mal, reconozco que dentro de esta modalidad se han dado narraciones notables e incluso sobresalientes, sobre todo cuando se juega con la ambigüedad entre la realidad y la realidad percibida como en Otra Vuelta de Tuerca, de Henry James, pero estos logros se alcanzan no gracias a, sino a pesar de, tan detestables premisas. Y tampoco es que hayan faltado intentos de superar esta dicotomía (no hablo ahora del relato de terror, sino de la historia de las ideas en general), para empezar, el romanticismo y el idealismo hegeliano, tan antipático, y, ya en el siglo XX, la fenomenología, las vanguardias y toda la mística y el esoterismo moderno. Es a la luz de esta tradición como creo que hay que leer a Gavin, que se posiciona de forma muy consciente en contra de toda interpretación “psicologista” de sus relatos: la motivación de mi impulso creativo, me dice, es representar lo ultramundano como un auténtico nivel de realidad, por oposición al mero síntoma de una mente enferma.

Esta todo en tu cabeza ¿no?

Esta todo en tu cabeza ¿no?

En la introducción a su colección de relatos Omens, Gavin expone algunas de sus convicciones sobre las pesadillas que pueden resultar de utilidad para que ustedes, pobres almas perdidas, se puedan orientar en este Dédalo de ideas heréticas. Gavin admite que la mayoría de las pesadillas no son otra cosa que lo que la interpretación aceptada en nuestra época dice que son, es decir, residuos psíquicos de las experiencias que nos ocuparon durante el día, aunque en un número muy pequeño de los casos los terrores de nuestros sueños superan con creces a escala de lo que nuestros limitados poderes imaginativos podrían producir y revelan paisajes de una vastedad que de ninguna manera puede considerarse “interior” o “subjetiva”. Gavin las llama pesadillas gnósticas y, por cierto, anima a sus lectores a que le cuenten sus sueños si tienen la sospecha de que en ellos se puede atisbar algún rastro de lo numinoso. Esta es la materia prima de los cuentos de Gavin y una de sus características distintivas es que no se hunde en el olvido con la misma facilidad que las pesadillas normales, por lo que nuestra reincorporación a lo mundano no es del todo sencilla tras atravesar una de estas profundas experiencias espirituales. Lo mismo ocurre con los propios cuentos, quedan avisados.

In such moments we suddenly wonder if is we who are dreaming, or if we are being dreamed.

Richard Gavin. Gnostic Nightmares and Haunted Dreams.

Y lo mismo que vale para las pesadillas, vale para el alejamiento de la realidad consensuada que conocemos habitualmente como locura. En la mayoría de los casos no es más que un tortuoso producto de la psique individual tal y como se podría esperar tras haber sido ésta mutilada de su unión al mundo, pero en ocasiones puede producir también destellos de auténtica y genuina gnosis. No creo que esta noción deba provocar ningún escándalo, al fin y al cabo Freud dejó escrito que la religión no era otra cosa que una neurosis colectiva y, casi al mismo tiempo, la fenomenología de la religión se afanaba en declarar que a través de la fe se puede re-ligar, es decir, reestablecer los lazos entre el alma y el mundo. No sería de extrañar que las neurosis privadas también tuviesen en ocasiones esa potencialidad liberadora. Relatos como The Eldrich Faith o A Pallid Devil, Bearing Cypress son especialmente representativos del arte de Gavin, en ellos se plantea, según sus propias palabras, una exploración de cómo el aislamiento de la realidad consensuada por el rebaño permite que afloren mitologías privadas que en ocasiones superan en profundidad a las revelaciones de las religiones organizadas. En el primero de estos cuentos se nos informa muy pronto de que su protagonista, un extraño individuo que deambula por las calles de una ciudad bombardeada, fantasea con vivir en una historia infantil:

Cosas de críos.

Cosas de críos.

Josef liked to believe that these voices belonged to spirits, and that the destroyed cities were Halls of the Dead. Such games reminded him of the tales his mother had told in order to decorate his childhood; stories of Fairyland, of child-munching witches, of Cruel Frederick giddily maiming his pets.

Richard Gavin. A Pallid Devil, Bearing Cypress.

La referencia a los cuentos de hadas no es ociosa. Durante la lectura de At Fear’s Altar prevalece la sensación de estar ante auténticos cuentos de hadas, previos a toda dulcificación o intención pedagógica. Eldrich Faith, el relato que cierra el libro, se revela como una auténtica apoteosis de este sentimiento y el mejor ejemplo de todo lo expuesto hasta ahora. Me gustaría cerrar a mí esta entrada con un fragmento de ese cuento como ejemplo final del prodigioso y oscuro sentido de la maravilla que habita en sus páginas.

I found myself standing on a paved path that was swarming with smaller denizens of Autumnal; cackling goblins and wraiths running amok in a great game of Curtains. The air was redolent with sickly-sweet offerings, with libations. All around me, rustic temples watched the procession of ghouls with solemn, patient eyes. The temple steps were alight with gourd lamps blazing like jewels in the night, as if to mark the birth of some new Hallowed king.

Richard Gavin. The Eldrich Faith.

 

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